BienvenidaJunta DirectivaestatutosBecasPremios Reuniones CientificasInscripcionEnlaces

 

Con ASOMEGA y un pandeiro. Érase una vez en Caldas

ASOMEGA es una sociedad cultural, apolítica y romántica. Es un fruto de la distancia y quiere resaltar las cosas que nos unen.

No queremos hacer patria. La patria es una cosa íntima que se va creando sola, es un recinto virtual en el que uno se siente cómodo; lo demás es geografía, o política. La patria de ASOMEGA es la que forman su raíz y su vivencia.

Cuando no se sabe si un gallego sube o baja, en filosofía y en física, quiere decir, únicamente, que está parado. Se acabó el teorema.

Esta es una breve historia de los “60” en Caldas de Reis, donde vivía la querida familia de Joaquín Potel Lesquereux, IX “Nóvoa Santos”, en uno de mis 52 veranos.

Un pintoresco personaje de elegante porte surgió entre los mantidos del Balneario Acuña y comenzó a frecuentar el taller de un viejo menestral que hacía correajes.

Talabarte se llama al cinturón de cuero que ceñía antiguamente las espadas. Es hoy una profesión del agujero negro que ha creado el desarrollo. El talabartero era una figura cervantina, un consumado ácrata, filósofo portador de esa ironía que torció la adolescencia en trincheras que no había escogido, cuentista sublime y precario, y un tipo impar que nos entretenía mientras preparaba, con mucho esmero, el cuero de arreos y zufras y algún encargo especial. Nos dejábamos ir, de tabla en tabla, como Hamlet, aunque no teníamos el gusto; pero aquél rincón, que olía a pieles curtidas, fue un rico taller en el que los asuntos brotaban con el ansia de un confesor y se dejaban acariciar con la pasión del imberbe.

Los artesanos tenían destreza noble con las manos y ello permitía la liturgia de la lengua, el culto del oído. Y contaban cuentos. Nosotros somos hijos del Cuento de esa época y creo que nadie, salvo Voltaire, podría añadir ni un atisbo de maldad, ayer ni hoy.

El artesano se llamaba Francisco Aboy Magariños (“Chico”) , era de Segade de Arriba, tierra de molineros, y ejercía en La Herrería, que era un bullicio desde el Umia al Helicón pacego de Portas. Aquel río era, como todo el mundo sabe, el río más caudaloso, progre y legitimista de España : No cabía en sí mismo y se iba con frecuencia a la calle, llamada, a la sazón, “Real”, y se marcaba una foliada con las Burgas como okupa de los viejos molinos. El río siempre fue amigo de viajeros y poetas .

Siempre hay algún poeta en los rincones que merecen un espacio en la memoria.
Una tarde, fueron tres, en aquel apacible teatro de mis años de miel apareció el personaje , atildado y distante primero, conmovedor después. Una vez, era verano, vino con capa y panamá, otras con bastón y puño de marfil, por eso le llamamos pavero y, tras el culto consejo de mi madre, pintoresco.

Surgió ante nosotros un esqueleto de madera con músculo de cuero, entre cuentos cortos, de bohemia él y fantásticos el artesano, que nos dejaban boquiabiertos hasta la hora de una cena sin televisión. Se hacía antes de noche porque los días amaban a la luna aínda mais que ahora porque no la habíamos hollado.

El forastero contó varias historias, quería recorrer España a caballo. Sé que años después lo hizo, y la última tarde, al ver la obra acabada, se le humedecieron los ojos. A veces se nota cuando uno conoce el verdadero peso de sus lágrimas.

Era diplomático en un país del cono sur. Los gallegos somos austeros y taciturnos, aunque felices como italianos cuando en nuestro pueblo nos llaman a gritos por la calle. Paseamos alguna tarde por la acera de la ironía pero no es todavía una asignatura, digamos que obligatoria, en nuestra latitud. El Hijo del Trueno no fue ni bachiller y ahí le tienen con mando en la plaza de todas las plazas. Tiempo, pues, a la ironía.

Había encargado un pandeiro para el Centro Gallego de la ciudad en la que era Cónsul. Decía que “al pandeiro cualquiera no puede arrancarle el son”. Hablaba del son , no del ruido, que era nuestro, ni de la música. ¿Porqué hablaba siempre del son?

El pandeiro se toca agarrado a las tradiciones más íntimas de un pueblo que no vivió nunca a espaldas de sus costumbres. Suena de la mano de la gaita, del bombo y del tamboril. Y hace coágulo con la nostalgia.

Es la llamada más ingenua y procaz de nuestros mejores conjuros, agazapada en ese territorio fronterizo del recuerdo más pírgano y virginal.

Un pandeiro es instrumento dócil y antiguo, inocente y feroz; amigo astuto, sin nombre, que araña el alma y la estruja hasta sangrar. Es amante del “vino tinto y la carne oscura”, celta de Joyce, también de Pedrayo, de Cunqueiro, Valente y Borobó, nómadas siempre prestos a recular y volver a su “manto pegajoso de mimbrales y braña”, geometría sin envés de nuestra niñez, la que nos hizo como somos aquí y allá.

ASOMEGA tiene vocación de pandeiro. Nosotros sabemos cómo suena.

No me acuerdo del nombre de aquel personaje que nos enseñó el significado de la palabra morriña, y nos dió alguna lección mientras veía el asombro núbil que a uno le produce cuando escucha, en pantalón corto, en cuclillas y en corro, un cuento sellado en esa infancia abierta, sensual, buena en todo, que fragua lo que luego engendra cultura.

Aquellos cuentos eran racionales hasta el delirio, como los de Stendhal; el artesano y el viajero nos habían convertido en románticos, sin edad para la culpa, sin saber si podríamos subir esa escala de fantasía que era nuestra, y de ellos, ni conocer quien administraba el tráfico de ilusiones en aquel antro de badanas, polvo y arañas.

Allí estuvo el viajero, con nosotros y con su idea tribal de la amistad.

Fué hace 40 años .No consigo acordarme de su nombre, de su nombre de pila... Pero recuerdo nítidamente los apellidos, aroma de lar, testigos del son y celaje de aquella Cuba que algunos perdieron en las páginas sepia de otras nostalgias: El paterno era gallego y el materno “vai sindo do que, hoxe, algúns dan en chamar Iparralde.”

Francisco R GARCIA FERNANDEZ
SECRETARIO GENERAL de ASOMEGA
Madrid, a 12 de noviembre de 2004



ASOMEGA - ASOCIACIÓN DE MÉDICOS GALLEGOS
C/Concha Espina, 18 -1º - 28016 - Madrid - Tel: 91 411 89 27 - Fax: 91 564 38 22
asomega@asomega.org