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La Insignia de Oro de ASOMEGA se concede a una personalidad Gallega,
no necesariamente residente en Galicia, que haya trabajado con intensidad
por el desarrollo cultural o cient'fico de Galicia y cuya labor
se haya traducido en resultados beneficiosos para la comunidad gallega.
ASOMEGA Y DON ISAAC DIAZ PARDO
El 18 de julio.de 1809, llegó a Santiago, procedente del Ferrol, la Brigada francesa mandada por el ilustre prócer realista, el Duque de Larochejaquelain. La recibió el alcalde primero y Justicia Real de la ciudad, señor Don Jerónimo Losada, el cual mandó hacer repique general de campanas, colgaduras e iluminación nocturna. Morillo, el Capitán General español, acto seguido, se encaminó hacia Vigo para rendir dicha plaza con mil hombres escasos (Diríase escasamente mil hombres.) cuya inferioridad en número era compensada por el entusiasmo de los soldados y por la convicción de la justicia de la causa. El 24 de julio ocupó Puente Sampayo. Los revolucionarios ocupaban una posición formidable, difícil de vencer, pero un destacamento de granaderos compostelanos, bajo una lluvia de balas, tomó el punto y lo desembarazó de cuanto impedía el paso. El 17 de septiembre se rindieron las últimas partidas revolucionarias de Galicia. Con esto, los respectivos jefes de las fuerzas española y francesa pudieron darse los parabienes. Morillo dice en carta al Conde de Bourke : "Galicia por su población, por su extensión, por su localidad y por sus recursos es indudablemente la provincia más importante de España. Más de millón y medio de habitantes robustos ofrecen siempre medios de levantar tropas y organizar ejércitos, etc .. Aquí fué donde en 1809 se estrellaron los generales franceses más aguerridos y en mucho tiempo, los ejércitos salidos de Galicia fueron los únicos que pelearon en Extremadura y Castilla."
Un crimen horrible que da idea de cuán desnudos estaban los liberales de todo sentimiento de nobleza y humanidad, coronó sus hazañas en La Coruña el 22 de julio de 1823. Hallábanse en un pontón 43 prisioneros realistas procedentes de Galicia, Asturias, Castilla, entre ellos algunos sacerdotes y religiosos. En la noche de dicho día los embarcaron en un quechemarín y, llegados a alta mar, atados dos a dos, codo con codo y espalda con espalda, los arrojaron al agua. Lo que no hicieron los franceses, que también tuvieron muchos prisioneros en un pontón de La Coruña, lo hicieron los afrancesados.
Hasta aquí, página 272 de la Historia de la Apostólica y Metropolitana Iglesia Compostelana alcanzó a escribir el muy ilustrísimo señor Don Antonio López Ferreiro. Trazando estas líneas le sorprendió la muerte en Vilanova, a tres leguas de Santiago, el domingo de Ramos de 1910.
Leía yo este libro, el tomo 11 de La Historia de la Iglesia Compostelana, entregado en mi consulta hace unas semanas casi en confesión para que lo depositase en el Archivo de la catedral, cosa que haré en las próximas semanas, cuando el Profesor Charro me encargó que dijese unas palabras dedicadas a D.Isaac Díaz Pardo.
Cuando buceé un poco en su biografía no pude menos que recordar la última frase del ilustre canónigo santiagués :"Lo que no hicieron los franceses lo hicieron los afrancesados"
Hay gente que vive toda su vida a expensas de los agujeros de su fuselaje. Otros solo viven para taparlos. Y si la envidia hace agujeros, la nobleza los tapa sin problemas aunque deje pequeñas heridas en el alma.
En un mundo que ha ido superando poquito a poco los dogmas de la Ilustración, vemos que los vecindarios que constituyeron los tiempos en que la Razón y la Razón práctica se fundían, hoy son iguales a sus iguales. Hoy, la estética, la experiencia religiosa, la ética y la misma filosofía en sentido estricto, conviven sin celos de linaje en el hombre de nuestro recién nacido siglo.
Pero no siempre fué así. En épocas, unas se atizaban contra otras y eran patrimonializadas en exclusiva por los propios vecinos intolerantes que habían establecido (Con Kierkeggard) estadios jerárquicos que usurpaban la Razón (con minúscula y con mayúscula.)
Buscar la verdad y contarla como una epopeya libertaria ha tenido su matices, kantianos y aristotélicos de los que tampoco Marx, romántico tardío por llamarle algo amable, se libró de adjetivar.
En fin, siempre, aparte de los filósofos que nos desnudan y nos visten periódicamente, y que nos dejan eternamente perdidos en el archipiélago de las ciencias, existe una patulea de tunantes, rosacruces, vagos, advenedizos y/o renacentistas del aleluya doméstico que nos ciñe a un horizonte de ocaso precoz y que nos dejaría en el eterno ludibrio y en la oscura noite de pedra si no existiesen esos centauros que, generosamente, hacen que generaciones enteras de mediocres puedan ser recordadas en la memoria colectiva de nuestras tribus como partícipes de un logro común en el que no han colaborado.
Hoy tengo que hablar en gallego, lengua materna aunque no la de mi madre, espero que los silencios estimulen la indulgencia de la audiencia, pueda decir lo que quiero decir y se me entienda.
Hoy es tiempo de seres agradecidos que, aunque disfrazados de alguna gracia de inteligentes, queremos honrar una trayectoria vital y no queremos disfrazarla.
Queremos agradecer al hombre y, sobre todo a su obra, no solo la perceptible belleza tangible de La Barca de Caronte ni de Los Náufragos ni de la Pérdida del Paraiso ni de los Labregos, ni siquiera en la monumentalidad histórica que supuso la recuperación de la mítica marca de Sargadelos con sus ingentes ejércitos de paladines de la galleguidad que todos mimamos en nuestros mejores rincones domésticos y que, sólo ellos y aquella legendaria botella de gaseosa con tapón de porcelana blanca herméticamente cerrada por un lacre de goma y alambre pueden emular. Sí, sólo una minúscula figura azulada de sargadelos y aquella agua bendita que llamamos aguardiente eran patente de nacionalidad.
Honramos mucho más la herencia de honradez creativa que nos lega, ese grial de buscavidas de la belleza que supera la elegía y soporta el canto apologético de un caballero de mi pueblo que, con el único canon de su buena nascencia supo y sabe ser un ejemplo de arte y de vida.
Para él, como para el cartero del Pablo Neruda de Skarmets, la sonrisa es un movimiento espontáneo de su alma y no ha estado nunca en almoneda. Ni la sonrisa ni el alma. Al menos la sonrisa, no parece.
Y, desgraciadamente, vivimos un mundo en el que la razón ha sido dictatorial y castradora y ha insistido en dejar en segundo plano elementos emocionales. Pero la emoción no tiene cancelas que la guarden y los seres que la portan, la exportan a borbotones a través de cualquier red, porque son de naturaleza indomables, que es, sigue siendo, la mayor y más encomiable de las emociones.
El mundo de las ideas, el submundo original, casto y lúbrico de las personas que piensan, sabe bien que la grandeza y la miseria de una idea, de un pensamiento honesto y libre tiene un grillete asido al recelo y una tonsura camuflada para moverse en ese territorio que él cree quimérico y el censor lo sincopa a su torpe trote, angustiado por la incapacidad de oponer razón a razón, libertad a libertad, alma a creatividad.
En el ditirámbico código de los que escriben solo en renglones verticales buscando un acróstico irrisorio y simplificador que ahorre el texto de una trayectoria ejemplar, existe siempre la sensación de que lo bueno tiene que ser pecado. No es una torpeza, es una forma de ser y de falsear la realidad de la belleza que no se puede copiar ni crear.
Pero los creadores, como el Guadiana, surgen con docenas de ciclópeos ojos porque la perseverancia es un don que adorna a los que no les cabe el alma en el cuerpo. Y a menudo cuerpo, alma poco menuda. Casi siempre es así.
Y el respeto se gana, quiéralo o no el eventual vigía de la ortodoxia temporal. Así el respeto se arropa de una vertiente radical e intocable que es la persona humana y otra vertiente, funcionarial, variable, que son sus opiniones y sus obras.
Es responsabilidad de la entera generación que no todas las opiniones de un memo merezcan ser editadas como Obras Completas ni que a todos los lelos se les dedique una estatua.
Espurgar en una forma de ser nos obliga a buscar discursos vitales en los que hay palabras sagradas con apellidos sagrados: Democracia, nobleza y creatividad se tienen que apellidar siempre vital. Y siempre son merecedoras de respeto, reconocimiento, silencio, silencio y más silencio. Silencio de campo fertilizado por el protagonista que nos acerca y nos hace dueños del borde del pétalo. Silencio de maestro.. que mejor maestro se es en tiempos de tribulación. A veces sólo así se puede ser maestro.
Los gustos estéticos, discutibles, siempre sufren valoraciones en vuelo rasante.
Parafraseando al Séneca de Pemán."Sacó el Séneca su pañuelo de yerbas y limpió el cristal único de sus gafas de alambre. Se quedó con los ojos fruncidos.Hay personas-dice el Séneca- que miran igual sin gafas, siempre con los ojos descentrados. Se ve que son personas que no usan gafas sino personas que se las han quitado.
Hay tipos que acunan un mundo de reservas reticentes a todo cambio que no sea
caminar hacia atrás. Son los listos ruines que rehuyen todo lo que huela a inteligencia y preparación. La listura, sutileza mediterránea, se fabrica con muchas cantidades negativas.
Es como un autodidactismo suficiente que incluso releva mucha cultura y aún implica desdén al acto estudioso. La listura es un modo de no trabajar. Los listos de verdad, los que además crean, son sencillos y se dejan atrapar en las ideas claras y en las emociones primitivas. Y las siembran. Y unicamente las recogen los que respetan su talento.
En este siglo en el que moriremos todos los que no hemos muerto en el anterior, hacer economía de palabras es una máxima de la que disfrutan los que tienen bien abonada la fecundidad de las ideas.
Hoy, Don Isaac, cuando ya no hay cicatrices que puedan con las heridas porque las heridas solo pueden ser de pensamiento y a estas alturas son de una nobleza intocable, buscamos esas frases misteriosas, ambivalentes o inequivocamente ambiguas con las que nos laceran los medios de comunicación cuando se carece de originalidad.
" Ahora comprendo que lo que dicen de usted es verdad"
"Nadie que le conoce le podrá olvidar"
"Parece mentira lo que da de sí una vida". Etc
Hay que ser epigramático para buscar cosas interesantes en la malicia literaria cotidiana. Y aunque siempre, en toda intriga, en toda gran injuria, hay silenciosos cómplices satisfechos, tenemos que juntarnos varios para recomponer la historia de todo un pueblo, incluidos los elegidos.
Para la Asociación de Médicos Gallegos es una gran honra que don Isaac Diaz Pardo acepte nuestra medalla de oro que quiere solamente agradecer su ejemplo de vida, su eterno magisterio y su exquisita grandeza de ser.
Y tal como dice Steiner, las raíces de las palabras van al corazón de las cosas y son, en frase de Grijelmo, el embrión de las ideas.
Queremos honrar a una persona con corazón y con ideas que nos ha honrado a los que disfrutamos de ellas. Es una pequeña batalla en el reino de este espíritu, pionero, tenaz, brillante y humilde que todos envidiamos ser. Gracias
FRGF (Publicado en El Correo Gallego el 9 de junio de 2002) |