BienvenidaJunta DirectivaestatutosBecasPremios Reuniones CientificasInscripcionEnlaces


XIV PREMIO “NÓVOA SANTOS”

asomega
Aspecto General del Salón "Novoa Santos" de la Facultad de Medicina de Santiago

La “simetría rota espontánea” en la koiné de Asomega.

Señor Reitor da Universidade de Santiago, Conselleira de Sanidade do Goberno da Xunta de Galicia, Presidente de Caixanova, Decano de la Facultad de Medicina e Odontoloxia de Santiago, queridos José Manuel Romay, Ex Ministro y ExPte del Consejo de Estado del Reino de España, y Gerardo Fernández Albor, Ex Presidente da Xunta, Autoridades, Profesor Casanueva, señoras y señores Profesores, alumnos de la Universidad de Santiago, socios de ASOMEGA, señoras y señores:

Quiero comenzar mis palabras con un recuerdo al Dr. José Antonio Lamas Amor, uno de los Fundadores de ASOMEGA y Vicesecretario de la actual Junta Directiva, que ha fallecido hace unos días. José Antonio encarnaba como nadie el espíritu de esta asociación y soy testigo privilegiado que ha trabajado por ella hasta el último aliento. El organizó estos actos.D.E.P.

asomega
Profesor F.Casanueva XIV Premio Novoa Santos

 

Toca al Presidente de ASOMEGA agradecer a todos ustedes su presencia aquí y el apoyo que nos muestran siempre desde la fundación en 1994. Supongo que esta sintonía con el tejido de la Medicina gallega, esta urdimbre cordial, no es fruto de ningún interés clasista ni económico ni siquiera académico. Estos pequeños concilios de ASOMEGA tienen un sencillo reglamento : No perder el contacto personal, profesional  ni institucional con el núcleo universitario que hace que todos nos parezcamos un poco más. Es una pequeña singularidad, egoísta y al tiempo humilde, que nos distingue sin ningún ánimo de exclusión. Pretendemos tener en nuestro entorno vital y virtual a todos los que les preocupen la Medicina y la Galleguidad.

Para otros menesteres hay distinguidas personas e instituciones que los defenderán con más criterio que nosotros.

La Galleguidad se ha vivido desde distintas perspectivas, todas ellas defendibles y  con razones muy  respetables. Pero, a veces, la pugna política de una u otra coyuntura hace vidrioso el horizonte y es necesario que las personas se sienten y busquen lugares comunes en vez de perseguir denodadamente diferencias. Los que siempre ansían las singularidades terminan apilados como en la Sima de los Huesos en Atapuerca para que, siglos después, los descubran cuidadosamente con un pincel y clasifiquen por la forma de desgarrar la carne y por los callos óseos  de sus peleas, pero nunca por otras virtudes que dejen huella. En este “prácido luar” nunca nos habíamos planteado echarnos las singularidades a la cara.

Los universitarios que, por una u otra razón, hemos decidido ejercer fuera del entorno geográfico gallego, vemos los particularismos con un cierto distanciamiento, aunque esta distancia sea el motivo único de que una asociación como la nuestra quiera defender estigmas solo explicables por el inmenso cariño hacia una tierra, sus gentes y su  pacífica forma de ser, de trabajar, de vivir, de cocinar la dieta atlántica  y hasta de conjugar los verbos.

 

asomega
Mesa Presidencial: Gayoso, Rubio, Barro, Fraga, García Fernández

 

El idioma gallego ha sido para nosotros, emigrantes de birrete y toga, pero emigrantes al fin y al cabo, un vehículo de hermosísima compañía, nunca elemento de conflicto y nunca fue utilizado como el espejo de la madrastra de Cenicienta.

Y no teman, no les quiero hablar de la “simetría rota espontánea” porque esa es una teoría de Yoichiro Nambu, premio Nobel de Física en 2008, y él se refiere a otras cosas, como bien conocen muchos de ustedes que dominan esa y otras ramas de la ciencia con la maestría que ya intuía yo cuando nos encontrábamos todas las mañanas camino de La Salle en ese fielato de intrigas juveniles que era el callejón de Caramoniña, escenario de endemoniados juegos de canicas y vereda singular donde las haya para acudir, en tropel, al colegio donde comenzamos a ser ciudadanos, aunque nosotros no lo sabíamos. Pero tiene gracia que este año le hayan dado el Nobel de Física a un científico portavoz de una teoría que se llama “simetría rota espontánea”. Menos mal que es japonés porque las metáforas linguísticas serían tentadoras.

Por canas, arrugas y ateromas, estamos lejos de reclamar el famoso agravio suevo, no tenemos nada que ver con el rey visigodo Leovigildo y participamos de lo que ilustres antecesores reclamaban para nuestra tierra : Una autonomía económica, o mejor, un amplio sentido económico de la vida que, entrecomillo ( porque utilizaré frases que no son mías), “fuera capaz de libertar a los gallegos de la opresión bajo la cual hemos vivido durante largos siglos” (Cierro, por ahora, las  comillas, y me reservo el autor).

 Algunos le ponen fecha: el 7 de diciembre de 1486, cuando una Pragmática de los RR.CC autorizaba al Justicia y Alcaldes Mayores a ocupar las fortalezas nobles o derribarlas. Los nobles gallegos habían sofocado la Revolución de los Irmandiños, tomaron partido con el bando perdedor en las disputas Trastámaras y  se aliaron con el bando de la Beltraneja. Creo que los gallegos sufrimos lo que hoy se llamarían tres derrotas consecutivas, aunque el balance histórico es discutible.

asomega
Un alumno de 6º de Medicina defiende el Paln Bolonia durante su intervención en el XIV Premio Novoa Santos

Pero lo cierto es aquí  mandaron a un Gobernador, el primero de los cuales fue Enrique Enríquez (Conde de Alba de Aliste), el segundo el conde de Ribadeo y el tercero Fernando de Acuña, el cual derribó 45 fortalezas, echó de Galicia a Pedro Madruga, vencido por Fonseca en Pontevedra y en la fortaleza de Baiona (hoy, por cierto, bastión de la Dieta Atlántica), y ejecutó a Pardo de Cela. Así las gastaban entonces. Echa a los nobles gallegos de Galicia, instala la Audiencia Real y se asegura que nadie pueda incordiar a las villas  de realengo y a sus nuevos ciudadanos que quedan bajo la protección directa de la Corona.

Cuando a los gallegos se les libertó de la obediencia a la nobleza se les impuso la lengua castellana como vehículo de uniformidad.

Paradójicamente se les liberó, pues, con una  obligación que ayudaba a garantizar el cumplimiento de leyes que afectaban a todo el territorio de las llamadas Españas.        
El reino central dominante, Castilla, cedió el hipotético dominio de Portugal para poder unificarse con Aragón. Fue una brillante transacción histórica, que hoy muchos discutirán pero que hace 500 años no pareció una mala idea de futuro.

Aparte de la política territorial de aquellos días, y a la consolidación de la unidad religiosa, sujeta a más juicios favorables que negativos, los RR.CC “habían recibido” un regalo de bodas como nunca pudieron imaginarse unos soberanos: La primera Gramática del Español que publicó Nebrija.

Los avatares posteriores de la Lengua Gallega son bastante conocidos aunque las interpretaciones siguen siendo motivo de gran debate. La realidad es que nadie pudo impedir que el gallego fuese lengua dominante en el ámbito rural, menos en el coloquial urbano y en el  doméstico, como expresión de una innata forma de sentir, ni nadie, con mayúsculas (encarnados en dos dictaduras militares en el siglo XX,  nueve reinados borbones, un rey saboya, cinco habsburgos y dos trastámaras, incluyo a Juana la Loca , Reina propietaria de Castilla hasta su muerte), consiguieron, aunque algunos lo intentaron, erradicar una “forma comprender el habla” (bilingüissmo pasivo) y en mucha menor medida el bilingüismo activo (buen nivel oral y escrito)  que muchos  llevamos a la diáspora en la mochila  y que algunos distinguidos autores todavía hoy en día  identifican como “el español que hablan las gentes de Galicia”.Era fácil entenderse, que es la idea primordial  de quien habla y quien escucha.

El idioma gallego sobrevivió, al menos, estos cinco siglos.

El advenimiento del régimen democrático actual (El primero y único tras el breve amago de la Segunda República) recuperó, 497 años después, el gallego como lengua co-oficial, y a nadie le sorprendió esa especie de estusiasmo íntimamente enxebre de los que creían que a “longa noite de pedra” comenzaba a recuperar algo propio que, sin dejar de integrar una sociedad, la hacía menos uniforme con otras vecinas o, al menos, dejaba fluir unas ciertas características de singularidad muy arraigadas, al estilo irlandés, al modo que se sentían los  celtas, y en sintonía con otros pueblos, otras sociedades con lengua propia y otras regiones o países de España y Europa que, curiosamente, perseguían rasgos diferenciales en un momento en que la tendencia es a  la globalización y a la multiculturalidad. Ciertamente, una cosa no quita la otra pero, retirar alambre de espino para poner avisperos, es tarea de orfebrería política.

Santiago es tierra de orfebres. También de políticos. No sé si de las dos profesiones al tiempo.

En el tema de la lengua, los gallegos que nos fuimos de aquí hemos sido descuidados porque creíamos que el idioma estaba a buen recaudo. Si sobrevivió cinco siglos sin protección nunca dudamos de su latente vigor. Hasta que alguien ideó, a nuestras espaldas, el hecho diferencial como si fuera el octavo sacramento de los de por aquí que no tenían los de por allá ni, por supuesto, sus amigos, cónyuges e hijos.

Y vuelvo a abrir comillas para citar, al pie de la letra, a un insigne celtíbero. Lo cito porque sé que en éste ámbito no dejarán de prestarle atención.

“Los llamados hechos diferenciales (lengua, raza, cultura...) son hechos adjetivos que derivan de una esencia común: la esencia común hispana. Todo, pues, estriba en darles un valor universal a los hechos diferenciales o adjetivos, incorporándolos a un sentido nacional o a un sentido de universalidad; todo estriba, repito, en atender, en modelar y en fortificar los hechos que nos diferencian; pero incorporándolos, poniéndolos a remolque de los hechos universales; en que tengamos un sentido moral y económico unitario, pero enlazado o solidario más allá de nuestras fronteras geográficas; y que sintamos todos, dentro de ese Estado integral, la conciencia de nuestra unidad moral, la conciencia de la vida común de tantos siglos y, sobre todo, la conciencia de futuro, de un futuro preñado de grandes posibilidades universales.” Sigo con las comillas.
“Será obligatoria en todo el Estado, la enseñanza del idioma castellano.”
“¿Qué valor tienen entonces los hechos diferenciales?. Estos menudos hechos diferenciales de lenguaje ¿Cómo pueden ponerse, no en pugna, sino adosados, sin inquietud alguna?”

No me apedreen porque todavía sigo entre comillas, todavía estoy protegido por las cadenas del antiguo Hospital Real.

“Con que se declare que no hay opresión lingüística alguna; con que se afiance la idea de que va a ser el español el idioma oficial del Estado; con que se haga obligatoria la enseñanza del castellano en todas las escuelas primarias; con que luego no se ponga traba alguna al desarrollo o desenvolvimiento de la lengua materna en nuestras relaciones familiares, privadas o públicas, en contacto con Tribunales, por ejemplo ¿A que más puede apetecer una regionalidad por autónoma que pueda llamarse?. No hay, pues, un problema de linguísmo en cuanto demos a las regionalidades el derecho a que se expresen en su vehículo, en su propio verbo. Una pequeña nación, una pequeña región tendrá que ser incrustada, tendrá que ser asimilada a las próximas o tendrá que buscar otra solución: hacer que la población de la región aprenda el único idioma que pueda ser vehículo universal del pensamiento de todos los españoles: el idioma del pueblo español”. Cierro comillas.

Esta solemnes palabras, leídas y citadas aquí al pie de la letra, fueron pronunciadas, tal como recoge el Libro de Sesiones de las Cortes Españolas, por un ponente en el debate constitucional del año 1931 (dos de septiembre y 10 de octubre) presidido por don Julián Besteiro.

Las pronunció un eximio profesor, coruñés, médico y tan gallego como el que más de los que aquí estamos, que conocía bien el valor que tiene en ciencia la utilización del lenguaje. Y conocía mejor que nadie la idiosincrasia galaica. Este salón lleva su nombre.
Fue una de las últimas intervenciones públicas del que era, en palabras de Gregorio Marañón “la voz más clara de la Universidad Española”.

Pero hoy, un pueblo con una diglosia tan distinta de la córnica, de la gaélica, de la finesa, letona o de la manesa,  se ve inmerso en una disputa social por la aplicación estricta de una norma de 1983 y cuya hibernación, sobre todo en lo concerniente al ámbito de la escritura y la digestión en el concierto burocrático y su aplicación académica, sin separarla del castellano, había hecho cómoda y soportable su existencia. Hoy, querámoslo o no, estamos en un pequeño conflicto lingüístico.

 Si el idioma gallego crece sólo a expensas de la mengua del castellano, será un tesoro para los parroquianos pero también puede ser una alambrada.

Don Roberto Nóvoa Santos, como todos los universitarios médicos que hemos libado en estas aulas el calor de la Medicina y hemos ejercido, en las  rúas y más allá, nuestra galleguidad, sabía que el dominio fluido del idioma castellano es una puerta abierta en el mundo de la ciencia y no debemos renunciar nunca a su correcto aprendizaje en todas las estancias del camino de la Enseñanza que son las pequeñas etapas que nos conducen a la Ciencia que, a su vez,  ayuda a movermos por el inquieto mundo gallego. Y el mundo científico está castellanizado y muchos tienen ya que traducir para ganarse el pan aquí. Allí, de donde venimos los demás, ni el pan, en clara sintonía con los malhadados ejemplos excluyentes que otras queridas regiones usan como salvoconducto político, financiero y fronterizo.

 Cuando la pugna política invade el territorio, siempre amistoso, de la ciencia, y convierte el lenguaje cotidiano en arma de distinción, nos sitúa en un camino extraño. Y créanme que en el ámbito familiar, y lejos del pugilato doméstico que ahora viven aquí, no es fácilmente comprensible porque no sabemos si damos pasos adelante o atrás.

La marginación, siquiera táctica, del castellano en el lenguaje oficial, es un paso en falso que nos hace más distintos pero crea anticuerpos que no existían.

Y creo que ni el castellano, ni el gallego, se merecen esta atención política trufada de delirios históricos aunque la ley de 1983 les cobije que no ampare.

La piel de toro de los castizos, mejor: el curtido tapiz del territorio hispano, como decía el poco sospechoso erudito catalán Vicén Vives, “acoge a muchas gentes distintas  procedentes de todos los pueblos peninsulares que sudaron y padecieron, triunfaron, crearon, vivieron y viajaron por lo que llamamos España”. Podemos ser distintos en rasgos y costumbres, pero muy parecidos en herencia genética”. Nosotros los gallegos, aínda máis, nos distinguimos por nuestras manías, como decía Julio Camba.

Los médicos nos parecemos en bastantes cosas a los políticos. Una de ellas es que nunca mentimos. Mejor dicho, nunca mentimos por costumbre, casi siempre lo hacemos invocando la piedad.

Perdonen esta intromisión en un debate de palpitante actualidad. Este es un ámbito universitario y, por lo tanto, casi sagrado. Las cadenas del Hostal, del antiguo Hospital Real, simbolizan mejor que nada algo que no nos podemos volver a permitir: Cuando alguien quería escapar del ámbito de la Justicia regia, brincaba sobre las cadenas y ya tenía que responder en otra instancia, creía que más favorable. Creo que eran unos saltos de ida y vuelta.

Este es el entorno en el que nacimos y nos formamos como profesionales, como vecinos de la aldea global  y como ciudadanos universales, que no es otro el significado de la palabra compostelano. Les pido, en nombre de todos, voluntad para solucionar bien este problema del uso de las lenguas. No tengan miedo de usar una sobredosis de ingenio y consenso porque con la ternura ya cuentan, flota en el ambiente si no se mete la política por medio.

 Nuestros cónyuges, hijos y amigos, la mayoría nacidos fuera de esta tierra, nos han acogido sabiendo nuestra singularidad y nuestras manías, y no entenderían nunca que se les colocase una frontera donde ellos pensaron que había una hermosa puerta abierta de par en par, llena de palabras híbridas, de cenismos, de giros solventes heredados del mejor latín, de refranes cervantinos  al gusto enxebre, de adverbios adaptados al paladar de cualquier aldea, de verbos desterrados al final de las frases,  de muchas, muchísimas, equis, esa letra que los castellanos nunca conquistaron aunque la llevaba  disimulada el Quij (x)ote en sus primeras ediciones.

Solamente por el entusiasmo  y el salero con el que pronunciamos la equis todo el mundo identifica que le habla una persona de por aquí y no de por alá.

Aparte de agradecerles su atención a estas piadosas palabras, por las que pido perdón si produjesen alguna ofensa, no quiero sino felicitarnos por la concesión del XIII Premio “Nóvoa Santos” al Profesor Casanueva Freijo pero casi estoy lamentando que no tenga alguna equis en sus apellidos. Es un gallego de Madrid (madrigalego, pues, si aceptamos el neologismo creado por  mi ilustre pariente, fallecido hace unos años, el periodista Raimundo García Domínguez “Borobó”, director de El Correo Gallego-La Noche, Jefe de Prensa del sector histórico del PSOE en los albores de la democracia y cultivador entusiasta de la convivencia cordial de los dos idiomas).

Felipe Casanueva  está convencido que ha ganado el galardón  por lo que ha hecho,  que es mucho. La realidad es que se lo hemos concedido por ello y por lo que tiene que hacer todavía; porque su obra científica tiene un horizonte muy lejano y, los que le conocemos, sabemos que este premio supondrá una pequeña palmada de agradecimiento y otra mayor de  estímulo.

CAIXANOVA, con su patrocinio y su compromiso tenaz con el mundo de la Ciencia y con Galicia ayuda a hacer más sencillo que los miembros de ASOMEGA podamos parecer agradecidos, pero es que, además, somos así.

 Ser críticos, agradecidos y tolerantes  son cualidades secularmente incorporadas al ADN de los que llevamos sangre celta, griega, romana, sueva, irmandiña y compostelana.

Muchas gracias.

Francisco R García Fernández
Presidente de ASOMEGA
Santiago de Compostela ,28 de noviembre, día de san Jaime de la Marca, monje franciscano.



ASOMEGA - ASOCIACIÓN DE MÉDICOS GALLEGOS
C/Concha Espina, 18 -1º - 28016 - Madrid - Tel: 91 411 89 27 - Fax: 91 564 38 22
asomega@asomega.org